Una pareja de músicos y clowns aparece sobre el escenario: ella, violinista, usa un vestido rojo y una peluca barroca; él, tubista, lleva una nariz de payaso y una gorra negra. Así comienza una suerte de cortejo disparatado en el que ella toca a Bach, Vivaldi y Strauss en posiciones imposibles —de cabeza, sobre los hombros de su pretendiente, abriéndose de piernas— y él intenta enamorarla haciéndola girar, saltar, volar. Pantomima, acrobacias, teatro y música sirven a este dúo francés para crear un espectáculo conmovedor, luminoso y ágil, en el que la figura del clown logra un nuevo estatus: más que hacer reír, se trata de crear “poesía en acción” a través de lenguajes universales como la música y el movimiento del cuerpo. Les Rois Vagabondes, ganadores del Premio de Público del Festival Avignon Off con esta obra, encarnan a la perfección lo que alguna vez dijo el crítico y poeta francés André Suarès: “El arte del clown va mucho más allá de lo que uno piensa. No es ni trágico ni cómico. Es el espejo cómico de la tragedia, y el espejo trágico de la comedia”.